Retos en la conservación de peces de agua dulce en el Siglo XXI

Imanol Miqueleiz Legaz

En 2010, la Convención en Diversidad Biológica estableció una serie de objetivos a 10 años vista para proteger la biodiversidad terrestre, incluyendo las especies de agua dulce como los peces. Entre estos objetivos, los países miembros se comprometían a impedir la extinción de especies amenazadas (como el salmón atlántico o el esturión) y mejorar su estado de conservación. A falta de una reunión final (pospuesta debido a la pandemia de la COVID-19) para evaluar éste y otros objetivos relacionados, la sensación general es de un fallo a la hora de alcanzar los retos propuestos para 2020. Como parte de mi trabajo de tesis doctoral, presenté un análisis de este hecho en relación con los peces.

Los peces son el grupo de vertebrados más diverso que existe, sumando un número de especies parecido al de todos los mamíferos, aves, anfibios y reptiles juntos. Ocupan una gran variedad de ambientes y ecosistemas y, por ello, se ven amenazados por varios factores. Entre ellos, se encuentran el cambio climático, la contaminación y la alteración de su hábitat (muchas veces debido a la introducción de especies invasoras). Cada año, se descubren cientos de especies nuevas de peces, lo que dificulta mantener al día y completa la información que se tiene sobre ellos. De hecho, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) sólo ha evaluado el estado de conservación (el riesgo de una especie de extinguirse) de poco más de la mitad de las especies de peces conocidas dentro de su Lista Roja. Esta proporción es mucho menor que la de otros vertebrados (especialmente aves y mamíferos, de los que casi todas las especies están evaluadas) y muestra el desconocimiento general sobre el estado de conservación de muchas especies de peces.

Figura 1. El aumento de especies evaluadas en Lista Roja de la IUCN es importante para la biodiversidad y la sociedad. Crédito de imagen: Pixaby.

 

En mi tesis doctoral he encontrado que aquellos peces que se han descubierto hace poco tienen un riesgo de extinción mayor que aquellos peces que llevan más tiempo descritos por la ciencia. Esto se puede deber a que estas especies viven en áreas de distribución muy pequeñas (muchas veces en un pequeño río o lago) o con poblaciones reducidas, lo que les hace más vulnerables a las amenazas externas. En España, desafortunadamente contamos con ejemplos de poblaciones de peces (y se sospecha que especies enteras) que se han extinguido por la contaminación de las aguas donde vivían. Por ello, resulta prioritario que, en la descripción de una nueva especie, aparezca información relativa a sus poblaciones y amenazas. De este modo, se podría valorar su estado de conservación de forma rápida y actuar en consecuencia.

Pero no solo encontramos problemas con las nuevas especies descritas. En verdad, muchas especies ya se evaluaron hace tiempo, pero su estado de conservación no se ha actualizado. Directamente, esto no aumenta su riesgo de extinción, aunque sí que incrementa la incertidumbre sobre cuáles son las medidas más efectivas que se pueden tomar hoy en día o sobre si las que se tomaron anteriormente resultaron efectivas. Es cierto que en aquellos países donde faltan por evaluar muchas especies de peces, lo prioritario es incorporar nuevas evaluaciones. Sin embargo, existen una gran cantidad de países europeos (España entre ellos) donde habiendo evaluado todas (o casi todas) las especies de peces, aún no se ha hecho un esfuerzo por mantener estas evaluaciones actualizadas.

Por último, la Lista Roja de la IUCN se puede aplicar a nivel nacional, permitiendo a los países contar con una herramienta muy eficiente de evaluación del estado de conservación de sus especies. En el caso de los peces, muy pocos países han desarrollado estas listas, y muchos de ellos las tienen desactualizadas, como España. Sin embargo, existen grandes regiones del mundo, como África subsahariana o el sudeste asiático, donde casi ningún país tiene una Lista Roja Nacional para sus peces. Por ello, sugerimos que los esfuerzos de cooperación con estos países incluyan la promoción de esta y otras herramientas que les permitan ser autónomos en la protección de su biodiversidad.

Este año, se establecerán nuevos objetivos de la CDB para 2030. No podemos dejar transcurrir otra década sin acometer actuaciones que tengan un impacto significativo sobre la conservación de la biodiversidad. Como sociedad, es necesario pasar de las buenas palabras a los hechos, y proponernos objetivos factibles con los que los países, pero también cada uno de nosotros, nos sintamos comprometidos. Evitar la extinción de más especies de peces (conocemos ya 80 especies de peces que se han extinguido directamente por la acción humana) trasciende la biología. Conservar nuestros ríos y su fauna es una forma de garantizar la protección de los ecosistemas de agua dulce, y con ello, el acceso de los seres humanos a un agua limpia y segura, además den proteger una fuente de alimento y de valores culturales.

* * *

Por Imanol Miqueleiz Legaz (@biomanolito), investigador post-doctoral en la Universidad de Navarra.

Etiquetas: