Como triunfar siendo un parásito: Toma el control

Natalia Mallo

Muchas veces me han preguntado si los parásitos son virus o bacterias, y el caso es que no son ni lo uno ni lo otro, pero podrían serlo. Existen especies de bacterias, así como de animales, plantas y hongos que son parásitas, al igual que los virus. El parasitismo es una relación entre dos especies en la cual una actúa como parásito obteniendo un beneficio y la otra como hospedador, siendo parasitada. El hospedador es el gran perjudicado en esta relación, pudiendo ser afectado de una forma tan severa que incluso termine con su muerte.

Otras tantas veces me he preguntado el porqué de tanta gente haciendo la misma pregunta. Quizás sea porque las enfermedades parasitarias, aunque muy numerosas y variadas no afectan a humanos tan frecuentemente, al menos en nuestro entorno, el continente europeo. Las enfermedades parasitarias son las causadas por protozoos (organismos unicelulares), helmintos (gusanos), ambos endoparásitos, u ocasionadas por ectoparásitos (ácaros, garrapatas, etc.), localizándose en este último caso en la superficie del hospedador. El parasitismo está considerado como el estilo de vida más frecuente en el planeta. El número de especies parásitas es enorme y muy diverso, y todavía se cuestiona su origen desde el punto de vista evolutivo.

La parasitología es una rama de la biología que alberga muchas otras disciplinas como la inmunología, biología molecular, ecología, veterinaria, medicina, epidemiología, genética, etc., ya que existen muchos aspectos a analizar en este tipo de relaciones. Un concepto todavía sin estudiar demasiado es el papel de los parásitos en los ecosistemas. Los más estudiados son aquellos que afectan al ser humano: los “gusanos” o aquellos que aun siendo microscópicos tienen una alta incidencia en zonas tropicales principalmente, comoos que provocan importantes pérdidas económicas afectando a ganado o cultivos

 

Tabla que incluye las enfermedades tropicales desatendidas incluidas en la lista de la WHO para el año 2017 y en donde se pueden observar diversas enfermedades de tipo parasitario.

Teniendo en cuenta el gran número y diversidad de especies y relaciones parasitarias existentes, puede decirse que el parasitismo es sin duda una estrategia de éxito. Aunque las consecuencias del parasitismo en el hospedador pueden ser de lo más variopintas, este éxito muchas veces viene definido por la capacidad del parásito de invadir al hospedador de una forma sigilosa- si uno pasa desapercibido puede quedarse ahí tranquilamente sin tener que “estresarse” buscando nueva morada-

Intervención artística sobre fotografía de dos células de Toxoplasma gondii moviéndose.

Muchas de las estrategias de sigilo pasan por la evasión del sistema inmune, como es el caso del protozoo parásito Toxoplasma gondii, que afecta a un gran número de especies de animales, incluyendo el humano, ocasionando la toxoplasmosis. Lo cierto es que durante mucho tiempo se pensaba que la toxoplasmosis era prácticamente inofensiva en pacientes con un sistema inmune bien desarrollado y competente y solamente causaba daños severos e incluso la muerte en inmunodeprimidos y fetos. Sin embargo, todavía existen muchas preguntas por contestar acerca tanto del proceso infeccioso como de los efectos de la infección. T. gondii se ha empleado frecuentemente como modelo de estudio de otras enfermedades parasitarias causadas por organismos del mismo grupo, llamados Apicomplexa, como es el caso de Plasmodium, el causante de la malaria; con todo, los mecanismos involucrados en el propio desarrollo y adaptación a la vida parasitaria en la toxoplasmosis no son menos interesantes.

Como si de un ninja se tratase, el protozoo T. gondii invade la célula sin hacer mucho “ruido”. Una vez dentro, reside dentro de un orgánulo especializado, una vacuola que le sirve de camuflaje para evitar su eliminación. Sin embargo, el hecho de encontrarse protegido dentro de esta vacuola no le impide obtener nutrientes del hospedador, es más, es capaz de reclutar orgánulos de la célula hospedadora hacia las inmediaciones de esta vacuola para poner a su disposición y de una forma cómoda el surtido de nutrientes de la célula. De esta manera, puede utilizar la energía del hospedador para multiplicarse hasta destruirlo por completo. Durante la infección, puede observarse una reorganización de los orgánulos celulares de la célula hospedadora.

Ilustración simplificada de dos células humanas, una sana y otra infectada con Toxoplasma gondii. En esta última se muestra la reorganización de los orgánulos de la célula hospedadora en torno a la célula parásito.

No obstante, T. gondii no siempre se divide tan activamente. Existe una forma de replicación lenta que se da especialmente en infecciones en cerebro y músculo, en la que se forman quistes no reconocidos por el sistema inmune y que pueden permanecer de forma latente. Se considera que gran parte de la población humana está infectada debido al consumo de carnes contaminadas crudas o poco cocinadas, verduras mal lavadas o contacto con heces del hospedador definitivo del parásito: el gato, en el cual tiene lugar la reproducción sexual. Aunque no se conocen las consecuencias de la infección latente con certeza, existen algunos estudios en roedores en los que se menciona la existencia de un cambio comportamental de los individuos afectados, como si de un proceso de conversión en “zombie” se tratase, adquiriendo una personalidad más osada. Sin embargo, no se conocen las causas exactas que ocasionarían este comportamiento, ni está completamente aceptada esta hipótesis por la comunidad científica todavía, aunque cada vez hay más estudios sobre su relación con diferentes desórdenes neurológicos. Verdaderamente, se trata de un tema tan atrayente como controvertido y sería muy interesante encontrar la respuesta.

 

Post de Natalia Mallo, PostDoctoral Researcher at Glasgow University. Delegación de CERU en Escocia. Dirección actual: Centro Técnológico el Cluster de Acuicultura (CETGA), Galicia.

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