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Dr. Nerea Irigoyen Vergara

El virus Zika es el nuevo virus “de moda” desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitiera una alerta global sanitaria por su vinculación con enfermedades neurológicas en recién nacidos. ¿A qué nos estamos enfrentando? Preguntas y respuestas a continuación.

Primero, ¿de dónde sale este virus? Zika significa “descuidado o sobrecrecido” en el idioma luganda y fue aislado por primera vez en 1947 en los bosques de Uganda. Es un virus de la misma familia que el virus del dengue, la fiebre amarilla o la encefalitis japonesa y además; el gran desconocido hasta sus primeros brotes epidémicos en el Pacífico y la Polinesia Francesa en 2007 y 2013. El Mundial de Fútbol de 2014 probablemente le permitió entrar en Latinoamérica y desde ahí se ha ido extendiendo sin parar por todo el continente, concentrando la mayoría de casos en Brasil y Colombia.

Y, ¿sólo se transmite a través de mosquitos como el virus del dengue? Su modo principal de trasmisión es la picadura del mosquito Aedes aegypti, pero también lo puede hacer su famoso hermano el Aedes albopictus (el mosquito tigre que tantos problemas está comenzando a causar en la Europa mediterránea). También se ha detectado el virus en orina, saliva, sangre, leche materna y semen; existiendo la posibilidad de que se pueda transmitir por el contacto con estos fluidos. El 4 de marzo, la OMS emitió una nota de infección autóctona por el virus en Francia, Italia y EEUU sin presencia del mosquito vector, sugiriendo la idea de transmisión sexual.

Y entonces, ¿qué nos puede pasar si nos infectamos? En general, la infección por zika es leve y el 75% de los infectados ni siquiera tiene síntomas. En el resto se puede presentar con fiebre moderada, sarpullido, cansancio, dolor muscular y tal vez lo más característico sea la conjuntivitis, la inflamación de los globos oculares y la sensibilidad a la luz; resolviéndose estos síntomas por sí solos y sin secuelas entre una y dos semanas después. Sin embargo, en un reciente estudio del brote de la Polinesia Francesa en 2013, el virus se ha asociado a un incremento del síndrome de Guillain-Barré; un trastorno neurológico que afecta a los nervios causando debilidad muscular, parálisis, dificultad respiratoria y la muerte en un 4% de los casos. Pero lo que realmente ha hecho saltar las alarmas, ha sido la asociación entre mujeres que habían sufrido la infección durante el embarazo y el incremento en casos de microcefalia (hasta 20 veces más) de sus hijos. La microcefalia, o un tamaño de cabeza más pequeño de lo normal, suele ir asociada a graves defectos en el desarrollo cognitivo de los bebés y puede llegar a producir una muerte prematura. El 13 de abril del 2016, el Centro de Control de Enfermedades (CDC, por su siglas en inglés), tras una exhaustiva revisión de todas las evidencias hasta el momento (presencia de anticuerpos contra el virus y ácidos nucleicos virales en fetos microcefálicos o la muerte prematura de células madres neuronales infectadas con el virus), concluyó que el virus zika podía causar microcefalia y otros defectos congénitos.

¿Y cómo nos protegemos, hay algún tipo de medicamento o vacuna? A día de hoy, en plena explosión demográfica de mosquitos a causa del fenómeno meteorológico de “El Niño”, no existe ningún tipo de fármaco antiviral o vacuna. Aparte de la protección personal contra la picadura del insecto, podemos vigilar la expansión de la epidemia mediante su control de poblaciones; como la liberación de mosquitos modificados genéticamente cuya descendencia es estéril o depositar en los lugares de agua estancada al pez “come-mosquitos” (Gambusia affinis) que se alimenta de larvas de insectos.

Así mismo, las autoridades sanitarias de los países afectados han recomendado posponer los embarazos entre seis meses y dos años mientras dura la epidemia; e incluso el Papa Francisco contempla la posibilidad del uso de métodos contraconceptivos; pero no olvidemos el poco acceso a la educación sexual, a los métodos anticonceptivos y al aborto terapéutico de la mayoría de las mujeres que viven en las poblaciones afectadas.

¿Nos debería preocupar que el virus del zika se convierta en una pandemia? Si nos atenemos a recientes epidemias como la del virus chikungunya, transmitida por los mismos mosquitos, probablemente en zonas templadas como Europa sólo existan pequeños brotes a diferencia de lo que ocurre en los Trópicos; sin embargo, debemos mirar sin miedo pero con cautela a lo que ocurra después de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro de este verano.

Por Nerea Irigoyen (@NereaIrigoyen). Investigadora postdoctoral de la División de Virología de la Universidad de Cambridge.

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http://www.elmundo.es/salud/2016/01/30/56ab8186268e3ec3788b45bd.html

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