Cómo el BIG DATA está cambiando nuestras vidas en la revolución digital

Dr. Miguel Figueres Esteban

Uno de los aspectos más interesantes de vivir en la región de Yorkshire es la cantidad de vestigios que te encuentras en el paisaje de uno de los hitos más importantes de la historia: la Revolución Industrial. Enormes fábricas con sus imponentes chimeneas, testigos en el tiempo de la transformación que vivió la sociedad británica debido al abundante carbón que servía para impulsar las máquinas de vapor. Unas décadas después, el descubrimiento de nuevas fuentes de energía como el gas y el petróleo junto con los avances científicos en el transporte (el avión) y las comunicaciones (la radio) traerían la segunda gran revolución industrial, que terminaría con el inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914, antesala de la escalada bélica que sufriría la sociedad hasta mediados del siglo XX. Ya en el siglo XXI, la evolución de aquellas máquinas de pantalla verde llamadas ordenadores, cada vez más potentes, más rápidas y con más capacidad; la aparición del teléfono móvil e Internet en las comunicaciones; y el avance en energías limpias también conocidas como renovables, serían los ingredientes principales de una nueva revolución industrial, la tercera, de la que actualmente somos testigos.

Una de las principales consecuencias de la actual revolución industrial es que hemos ido conectando diferentes “cosas” (máquinas, electrodomésticos, vehículos, ordenadores, dispositivos móviles…etc) mediante redes de comunicaciones para automatizar todo tipo de actividades. Es lo que se denomina “Internet de las cosas” (Internet of Things), ya que no son personas las que acceden a Internet. Al mismo tiempo, la sociedad se ha ido haciendo cada vez más dependiente de dispositivos digitales como los smartphones, tablets, portátiles u ordenadores de sobremesa. Cualquier actividad laboral de hoy en día, o está totalmente automatizada, o está ligada directa o indirectamente a algún tipo de actividad digital. Socializamos cada vez más a través de las redes sociales o apps de mensajería. Dejamos la mayor parte de la educación de nuestros hijos en manos de herramientas digitales. Consumimos servicios de forma online prácticamente para todo tipo actividades cotidianas, como escuchar música, ver la televisión, realizar la compra de todo tipo de productos, gestionar nuestras cuentas bancarias o realizar trámites con la administración pública. La consecuencia de este nuevo estilo de vida “digital-inteligente” es posiblemente el amanecer de la cuarta revolución industrial, lo que también se denomina la transformación o revolución digital, la fusión de diversas tecnologías con la actividad diaria hasta el punto que se difuminan las líneas que separan lo físico de lo digital.

Para hacernos una idea de la magnitud de este cambio solo hay que observar que, por ejemplo, en 2014 se enviaron alrededor de 200 millones de correos electrónicos y 2.46 millones mensajes de Facebook cada minuto; o que actualmente Google procesa 3.2 billones de búsquedas por día (unas 40.000 búsquedas por segundo). El 90% de esta enorme cantidad datos se han producido durante los dos últimos años, y se espera que aumente un 40% en la próxima década. Esta gigantesca cantidad de información que se genera día a día, ya sea por el acceso a internet de las “cosas” o las personas, se ha convertido en el nuevo “grial” de la mayoría de las grandes áreas científico-técnicas que cubren la mayor parte del conocimiento humano.

La carrera por saber cómo aprovechar dicha información ha potenciado de una forma vertiginosa las tecnologías y técnicas de análisis de datos bajo el paraguas de Big Data. Big Data no es un concepto para nada nuevo. Aparece a principios de siglo con el objetivo de analizar rápidamente grandes cantidades de información que vienen de diferentes fuentes de datos. Es como cuando los datos ya no te caben en una hoja de cálculo como Excel ya que tiene un límite de 1.999.999.997 filas y columnas por tabla. Desde su origen las técnicas Big Data se han enfocado principalmente en la resolución de problemas específicos que utilizaban enormes cantidades de datos como, por ejemplo, el estudio del genoma humano. Hablar de Big Data era prácticamente hablar de cómo almacenar y acceder a esas grandes cantidades de información y cómo conectar muchos ordenadores entre sí para acelerar el procesamiento de dicha información. Sin embargo, en la transformación digital, Big Data adquiere nuevos matices, no solo es pura tecnología, sino uno de los pilares básicos que conecta diversas disciplinas. Hoy en día Big Data es más una estrategia que un producto en sí mismo, con un impacto estimado de 216 billones de libras en la economía británica durante el periodo 2012-2017.

 

 

Big Data está demostrando ser extraordinariamente eficaz en áreas como la banca o la venta online, aunque, poco a poco, se va expandiendo conforme la transformación digital avanza en diferentes sectores, entre ellos el ferrocarril. La digitalización del ferrocarril está produciendo tal cantidad de información que actualmente es una prioridad aprovecharla con un claro objetivo: mejorar la experiencia y la seguridad de los pasajeros. Así por ejemplo, imaginaos los beneficios de poder combinar: los registros que producen los trenes donde se guarda información de cómo un maquinista conduce el tren; la información que producen las instalaciones ferroviarias, como por ejemplo si una señal ferroviaria está en rojo o verde; los registros de incidentes que el personal ferroviario proporciona para evitar futuros accidentes; la información que producen los máquinas de ventas de billetes para saber la cantidad de gente en los andenes; las información meteorológica de una zona como por ejemplo saber si está lloviendo en una determinada estación o tramo de vía; o la información que producen las redes sociales, como Twitter o Facebook, para saber de anomalías como la aglomeración de personas en una estación debido a algún evento social como un concierto o partido de futbol. Las posibilidades que ofrece el análisis de dicha información son extraordinarias: desde la mejora de los servicios como vender billetes que asignen los asientos que estén cerca de amigos de Facebook o Twitter que viajen en el mismo tren, hasta detectar secuencias de eventos previos que puedan mejorar la gestión del tráfico, el mantenimiento y la seguridad ferroviaria con el objetivo de prevenir accidentes. Avances dignos de la cuarta revolución industrial en el transporte ferroviario.

Por Dr. Miguel Figueres Esteban, Investigador postdoctoral, Instituto de Investigación Ferroviaria, Universidad de Huddersfield. SRUK Delegación de Yorkshire.

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http://elpais.com/elpais/2016/11/23/opinion/1479909903_510460.html

http://tecnologia.elpais.com/tecnologia/2016/09/23/actualidad/1474647362_976680.html

http://www.railtechnologymagazine.com/Comment/big-data-risk-analysis-for-rail

http://www.iceotope.com/tag/big-data-technology/

http://primeurmagazine.com/weekly/AE-PR-09-16-36.html

http://www.publications.parliament.uk/pa/cm201516/cmselect/cmsctech/468/468.pdf

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