Ácido hialurónico: nuevas quimioterapias inspiradas en tu crema antiarrugas

Julio Manuel Ríos de la Rosa

La gran mayoría de vosotros habrá oído alguna vez que la verdadera belleza se encuentra en las arrugas de la felicidad. A pesar de contener un mensaje muy positivo, esta frase ha dejado de tener cabida en una sociedad mayoritariamente obsesionada por la imagen corporal,para la que más bien la felicidad se acaba en el inicio de una arruga. Nuestra obsesión por mantenernos jóvenes e impecables es posiblemente la culpable de que no seamos totalmente ajenos al ácido hialurónico, conocido también como la “sustancia milagrosa de la belleza”. Es más, hay una gran posibilidad de que, si habéis visto recientemente la televisión, visitado una página web o leído una revista con anuncios, o simplemente ido al supermercado o a la farmacia, hayáis podido notar la ubicua presencia de este compuesto en suplementos alimenticios, cremas antiarrugas e incluso en tratamientos estéticos. Pero, ¿qué es realmente el ácido hialúronico?, ¿pensáis que su uso se limita sólo a la ciencia de la juventud?, ¿me creeríais si os dijera que de hecho es una de las sustancias más investigadas en la actualidad para el desarrollo de nuevos tratamientos anti-cáncer? En esta entrada intentaré acercaros un poco más a la ciencia en torno a este polímero, por qué es tan codiciado en aplicaciones estéticas y, en particular, por qué se considera que puede ser una verdadera “sustancia milagrosa” en la lucha contra el cáncer.

El ácido hialurónico es una molécula de azúcar de gran tamaño originada por la unión repetitiva de dos azúcares más pequeños: N-acetil-D-glucosamina y el ácido D-glucorónico (Figura 1). Este biopolímero se encuentra de manera natural en nuestro organismo y es uno de los componentes principales de la estructura de soporte sobre la que nuestras células crecen, se comunican y forman nuestros órganos: la matriz extracelular.

Figura 1. Estructura química del ácido hialurónico.

La función de soporte del ácido hialurónico en esta matriz es fundamental y se debe principalmente a su gran hidrofilicidad, es decir, a su capacidad de atraer y embeberse en moléculas de agua (¡una molécula de ácido hialurónico puede retener 1000 veces su peso en agua!), y a su interacción con otras proteínas para formar estructuras más complejas. De hecho, estas estructuras de ácido hialurónico son muy abundantes en el líquido sinovial, fluido que rellena las cavidades de las articulaciones con una importante función lubricante y amortiguadora; así como en la piel, donde mantienen una correcta hidratación que aumenta su grosor y volumen, haciendo que luzca tersa. Aproximadamente la mitad del ácido hialurónico en nuestro cuerpo se encuentra en la piel durante nuestra juventud; sin embargo, tanto su contenido como nuestra capacidad para reponerlo descienden dramáticamente con la edad, lo cual disminuye la hidratación de la piel y provoca la aparición de flacidez y arrugas. Por tanto, no es de sorprender que la administración foránea de ácido hialurónico, tanto en cremas anti-arrugas como en forma de rellenos inyectables, se haya explotado para corregir los signos del envejecimiento y para remodelar formas y contornos. Esta aplicación es posiblemente la más rentable del ácido hialurónico, especialmente tras la optimización de su producción a gran escala.

No obstante, el ácido hialurónico no es simplemente un componente estructural e inerte como la comunidad científica solía pensar hasta finales de los setenta, sino que de hecho regula cantidad de procesos fisiológicos en el organismo mediante su interacción con distintos receptores celulares. En particular, la interacción del ácido hialurónico con su principal receptor de superficie en la membrana celular, CD44, controla procesos de adhesión célula-célula y célula-substrato, de degradación linfática del ácido hialurónico, de crecimiento y migración celular, y de creación de nuevos vasos sanguíneos, entre otros. Estos dos últimos puntos están íntimamente relacionados con ciertas patologías. Por ejemplo, una división celular descontrolada y la migración de células de una zona primaria a otra secundaria son procesos comunes en cáncer (Figura 2).

 

Figura 2. Etapas dentro del proceso de metástasis en el que moléculas asociadas con el ácido hialurónico juegan un papel clave.

Así, numerosos estudios científicos han destacado el papel de CD44 y su expresión en cantidades anómalas en la mayoría de tumores sólidos humanos, donde regula varios procesos malignos para crear un entorno receptivo para las células tumorales en otros órganos secundarios. En particular, un alto grado de expresión de CD44 se considera como marcador clínico para las llamadas “células madre del cáncer” – una población de células resistentes a la radio- y quimioterapia, responsables de la metástasis y de la reaparición de tumores en pacientes. La posibilidad de usar este aumento en los niveles de CD44 para administrar fármacos de forma selectiva a estas células malignas resulta esperanzadora para el desarrollo de nuevas terapias; basándose en la simple conjugación o en el recubrimiento de fármacos y otros materiales terapéuticos novedosos, como nanopartículas, con ácido hialurónico. De esta forma, una vez administrado el tratamiento en un paciente, se esperaría que el ácido hialurónico dirigiese la quimioterapia preferencialmente a las células tumorales debido a la gran cantidad de CD44 presente en ellas en comparación con las células sanas. Mientras que algunos estudios han mostrado resultados satisfactorios en animales y en ensayos clínicos, llegando incluso a reducir el tamaño de una variedad de tumores como colon o páncreas; otros han arrojado dudas sobre la capacidad de ciertos tipos de células cancerígenas para unir constantemente el ácido hialurónico. Este fenómeno complica dicha estrategia terapéutica: ni todos los pacientes somos iguales, ni todos los tipos de tumores son iguales para un paciente. Aunque aún queda mucho trabajo por hacer en este campo, podemos afirmar que, sin lugar a dudas, la revolución del ácido hialurónico ha llegado para quedarse y su uso en investigación está abriendo paso a numerosas estrategias para tratar el cáncer y superar los inconvenientes de las terapias convencionales.

Por Julio Manuel Ríos de la Rosa, Investigador Predoctoral, Centro Noroeste para el desarrollo de entrega de fármacos avanzado (NoWCADD), Escuela de Ciencias de la Salud, Universidad de Manchester. SRUK Delegación de NorthWest.

Abreviaturas: ácido hialurónico (HA), ácido hialurónico sintasa (HAS), receptor de ácido hialurónico (HAR), hialuronidasa (HAase).

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Programa de doctorado NOWNANO DTC

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