Todo está interconectado

Dr Irina Vazquez-Villaseñor

Somos seres funcionales gracias a la suma de diversos mecanismos que hacen que nuestro cuerpo respire, se mueva y piense. No es uno solo, sino varios eventos ocurriendo al mismo tiempo lo que permite que nuestras células, órganos y sistemas realicen funciones específicas y, por lo tanto, una acción simple como comer una manzana puede afectar la función de nuestro estómago, nuestro páncreas, nuestro intestino, nuestros músculos e incluso de nuestro cerebro. Esta interconexión también está presente durante la enfermedad. Una enfermedad existente en el cuerpo de una persona puede ser alterada por otra condición completamente no relacionada. Un ejemplo perfecto de esto es la demencia, y más específicamente la enfermedad de Alzheimer, la cual puede agravarse por infecciones que ocurren fuera del cerebro, por ejemplo, una infección del tracto urinario o de las vías respiratorias.

 

Antes de adentrarnos en este tema, hay que especificar a qué nos referimos con demencia y enfermedad de Alzheimer.  La demencia es un síndrome que afecta la función del cerebro y que se refleja en los pacientes como pérdida de la memoria y alteración de habilidades como la comprensión, el lenguaje, la orientación y el juicio. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), actualmente hay 50 millones de personas viviendo con demencia y aunque es una enfermedad que afecta principalmente a adultos mayores, no es una característica normal del envejecimiento. Hay varias formas de demencia y la enfermedad de Alzheimer es la forma más común.

 

Por muchos años, los principales sospechosos de la enfermedad de Alzheimer fueron las proteínas amiloide-beta y tau. Estas proteínas son parte de nuestro cerebro y cumplen funciones importantes bajo condiciones normales, pero en un cerebro con Alzheimer, estas proteínas se acumulan y forman agregados que son conocidos como “placas” de amiloide-beta y “marañas” de tau. Las “placas” y “marañas neurofibrilares” son tóxicas para las células del cerebro y provocan que dejen de funcionar de manera normal, hasta que mueren. A la fecha, no sabemos exactamente cómo es que estos agregados de proteínas participan en el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer; incluso se han desarrollado tratamientos dirigidos a eliminar los agregados de amiloide-beta y tau, pero desafortunadamente, estos tratamientos no han tenido los efectos esperados. Por esto, ahora los investigadores se han enfocado en el estudio de otros factores que podrían dar origen al Alzheimer o que podrían participar en su desarrollo.

 

La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia y se caracteriza por la presencia de “placas” (amyloid plaques) y “marañas neurofibrilares” (neurofibrillary tangles) en el cerebro. Imagen tomada de http://thebrain.mcgill.ca/flash/d/d_08/d_08_cl/d_08_cl_alz/d_08_cl_alz.html

 

Uno de estos factores son las infecciones en una parte del cuerpo distinta del cerebro. Algo curioso que tanto los médicos como los familiares de los pacientes con Alzheimer han observado es que cuando el paciente tiene una infección de vías urinarias o respiratorias, por ejemplo, los síntomas del Alzheimer empeoran en cuestión de días sin razón aparent. En personas jóvenes, las infecciones causan dolor y fiebre como consecuencia de la activación del sistema inmune, que está tratando de controlar la infección. En un adulto mayor con Alzheimer, esta respuesta tiene consecuencias muy diferentes, ya que la infección no sólo causa fiebre y dolor, sino una condición conocida como delirio. El delirio es un estado de confusión, agitación y desorientación repentino que en una persona con enfermedad de Alzheimer puede tener consecuencias irreversibles y acelerar el avance de la enfermedad.

 

¿Cómo es que una infección en cualquier otra parte del cuerpo puede tener un efecto negativo tan intenso sobre la función del cerebro? La respuesta podría estar en la barrera hematoencefálica, la cual separa el cerebro de la sangre que circula por el resto del cuerpo. La barrera hematoencefálica es altamente selectiva y semipermeable, lo que quiere decir que sólo deja pasar ciertos componentes de la sangre al cerebro, y detiene cualquier otro que pudiera ocasionar daño. Cuando somos jóvenes, la barrera hematoencefálica funciona como un filtro para café nuevo, el cual sólo deja pasar el líquido y componentes muy pequeñitos del café. Conforme vamos envejeciendo, la barrera hematoencefálica va perdiendo su capacidad de filtrar, y como un filtro para café que ha sido utilizado varias veces y que ya no puede retener los granos de café, esta barrera deja pasar componentes más grandes y dañinos de la sangre hacia el cerebro.

 

La barrera hematoencefálica separa el cerebro de la sangre circulante y sólo permite que las moléculas de un tamaño específico se muevan a través de ellas. Imagen obtenida y modificada de https://ib.bioninja.com.au/options/option-a-neurobiology-and/a2-the-human-brain/blood-brain-barrier.html

 

 

En una persona con enfermedad de Alzheimer, una barrera hematoencefálica defectuosa y un cerebro vulnerable no son una buena combinación. Cuando un paciente con Alzheimer tiene una infección en alguna parte de su cuerpo, se activa su sistema inmune con el objetivo de pelear contra la infección. Las células y componentes del sistema inmune activo viajan hasta el cerebro, a través de la circulación, y atraviesan la barrera hematoencefálica defectuosa con mucha facilidad. Ya dentro del cerebro, estos componentes causan cambios que resultan en daño a las células cerebrales, provocando un estado de delirio y empeorando a su vez los signos de la enfermedad de Alzheimer.

 

Aún hay muchas preguntas qué responder con respecto a este tema: no sabemos por qué ni cómo la barrera hematoencefálica pierde su función en un cerebro con Alzheimer y tampoco sabemos cómo es que, durante una infección, los componentes del sistema inmune que atraviesan la barrera causan daño a las células cerebrales. La relación entre las infecciones y el daño cerebral en pacientes con Alzheimer nos recuerda que el funcionamiento de nuestro cuerpo no depende de eventos aislados. Además de sorprendente, esta interconexión es de importancia para la comunidad científica y para los pacientes y sus familias, ya que una simple infección puede tener efectos muy importantes sobre la calidad de vida del paciente y de las personas que lo rodean.

 

Escrito por Dr Irina Vazquez Villaseñor, investigadora postdoctoral en el Sheffield Institute for Translational Neuroscience, Universitdad de Sheffield.

 

Más información:

  • World Health Organization. Towards a dementia plan: a WHO guide [Internet]. World Health Organization. 2018. 71 p.
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