Las bacterias intestinales ayudan a controlar la contracción muscular saludable en el colon.

Según un estudio recientemente publicado en Nature por investigadores del Francis Crick Institute de Londres y de la Universidad de Berna, Suiza, los microorganismos del intestino favorecen una digestión saludable al ayudar a las células nerviosas intestinales a regular la contracción y la relajación de la pared muscular del colon. El estudio cuenta con la participación del investigador madrileño Álvaro Castaño.

El estudio describe cómo las bacterias residentes en nuestro intestino influyen en la contracción y relajación de los músculos del colon. Estos movimientos están regulados por células nerviosas y son necesarios para el tránsito de los alimentos durante la digestión. Cuando tales microorganismos están presentes, un gen específico llamado AhR se activa en las terminaciones nerviosas del intestino, lo que resulta en la contracción y relajación del colon (peristaltismo). Esta relación puede verse alterada en casos de trastornos intestinales, como el síndrome del intestino irritable.

“Existe un vínculo claro entre la presencia de microbios en el colon y la velocidad a la que los alimentos se mueven a través del sistema. Si esta relación falla, podría causar un daño considerable”, dice Yuuki Obata, autor principal del estudio y postdoc en el Laboratorio de Desarrollo y Homeostasis del Sistema Nervioso en el Francis Crick Institute.

Un intestino sano contiene billones de microorganismos que ayudan a la digestión de los alimentos y promueven el buen estado de los tejidos intestinales, como el revestimiento de la pared intestinal y la gran colección de células inmunes y nerviosas existentes en ella. Los niveles y tipos de microorganismos que se encuentran en el intestino varían de una persona a otra y se ven afectados por la dieta y los medicamentos de uso común, como los antibióticos, que a menudo resultan en contracciones intestinales anormales. Este nuevo trabajo nos ayuda a comprender cómo las células nerviosas detectan los microbios en el intestino y coordinan su función con otros tejidos intestinales.

“Las alteraciones de la motilidad intestinal son extremadamente comunes y causan mucho sufrimiento en pacientes después de operaciones quirúrgicas o en aquellos que padecen enfermedades a las que están asociadas, como el síndrome del intestino irritable. Este trabajo proporciona una base para desentrañar por qué los pacientes que están colonizados con diferentes grupos de microbios son susceptibles a estos problemas intestinales”, explica Andrew Macpherson, profesor de medicina y director de gastroenterología en el Hospital Universitario de Berna.

“Al colaborar con diferentes equipos tanto en el Francis Crick Institute como internacionalmente con la Universidad de Berna, hemos combinado nuestro conocimiento en el intestino y cómo las señales ambientales de la microbiota y la dieta se transmiten a las células, para comprender cómo estas señales afectan la fisiología intestinal y la digestión”, dice Brigitta Stockinger, coautora principal y líder de grupo en el Laboratorio AhRimmunity en el Francis Crick Institute.

“Si bien está ampliamente documentado que los microorganismos en nuestro intestino influyen en la función de muchos órganos de nuestro cuerpo, incluido el cerebro, hay menos información acerca del papel que desempeñan en el funcionamiento saludable de los millones de células nerviosas presentes en el sistema digestivo. Ese trabajo muestra que AhR, una molécula que es muy importante para la función de las células inmunes y epiteliales en el intestino, también es utilizada por las células nerviosas intestinales para detectar la presencia de microbios y regular el peristaltismo, y al hacerlo, promover una digestión saludable”, dice Vassilis Pachnis, coautor principal y líder de grupo en el Laboratorio de Desarrollo y Homeostasis del Sistema Nervioso en el Francis Crick Institute.

“En el futuro, el uso de productos microbianos que cambian la actividad de AhR en las células nerviosas podría ayudarnos a aliviar las consecuencias de una peristalsis intestinal anormal que a menudo se asocia con enfermedades gastrointestinales”, finaliza Vassilis.

El artículo completo “Neuronal programming by microbiota regulates intestinal physiology” ha sido publicado en Nature en la edición de Febrero de la revista. https://doi.org/10.1038/s41586-020-1975-8.

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