La creatividad necesita reconquistar la ciencia

Alba Maiques Diaz

“Todo el mundo es un genio, pero si juzgas a un pez por su capacidad de trepar a un árbol vivirá toda su vida pensando que es un estúpido”

Un estudiante de tesis tiene seis veces más probabilidades de experimentar depresión y ansiedad que la población general, según un estudio publicado en la revista Nature Biotechnology (1) este mes de marzo (2). El 41% de los estudiantes analizados (de diferentes universidades estadounidenses) padecían ansiedad o depresión moderada o severa, frente a un 6% de la población general. La publicación de la noticia en Twitter tuvo una respuesta masiva (3) que dio lugar a un editorial en la revista Nature (4) sobre la necesidad de buscar soluciones para evitar o reducir estas alarmantes cifras. ¿Es éste un problema exclusivo de los estudiantes o es algo común en todas las fases de la carrera investigadora? ¿Qué se puede o debe hacer para mejorar la salud mental de las personas que nos dedicamos a la investigación?

Seguramente son muchas las respuestas y los debates que debemos abordar sobre este tema, desde mi punto de vista una de las claves de la “infelicidad” asociada a la investigación es su desconexión (casi total) con la creatividad, sus herramientas y sus necesidades. Podríamos definir a las personas creativas como aquellas capaces de ver conexiones o asociaciones novedosas, originales y únicas. ¿No es éste uno de los objetivos de la ciencia? Al preguntar a investigadores si consideran su trabajo es creativo, casi la totalidad de las respuestas serán afirmativas. Sin embargo, si preguntas a esas mismas personas si se consideran a sí mismas creativas, posiblemente sólo el 20% de las manos se quedarán levantadas, como mucho. ¿Cómo es esto posible? ¿Cómo es posible que estemos realizando una tarea tan creativa como la ciencia, que busca constantemente nuevas teorías, aplicaciones o modelos sin ser conscientes de nuestras propias habilidades creativas?

Participantes del Taller de Ciencia Creativa impartido por sesiques en colaboración con CERU-Londres. Blizard Institute, Londres. Foto de seisques

De estas incongruencias nace el proyecto seisques (5) formado por investigadoras de diferentes disciplinas, educadoras y artistas. Desde este grupo nos propusimos desarrollar contenidos y herramientas para ayudar a sacar nuestros potenciales creativos en ámbitos “intrínsecamente” creadores, como es la investigación.

La neurocientífica Nancy C Andreasen ha estudiado el cerebro buscando las claves de la creatividad (6). Según sus estudios, la creatividad no está asociada a tener un buen resultado en un test de inteligencia y tampoco hay una característica única que hace a una persona ser un “genio”. El caldo de cultivo ideal para un proceso creativo incluye elementos como tener una curiosidad extrema y muchos intereses, así como disfrutar de un ambiente intelectual rico y libre, que permita el intercambio de ideas. Además, estudiando las vidas de grandes “genios”, Andreasen ha encontrado ciertos patrones que se repiten como, por ejemplo, que sus grandes ideas han aparecido en momentos de descanso o realizando actividades placenteras y de disfrute, y no en momentos de concentración y trabajo (6). ¡Interesante! Por otro lado, el sociólogo y profesor de la Universidad de Harvard Howard Gardner ha sistematizado la teoría de las inteligencias múltiples (7). Dicha teoría alega que no existe una única inteligencia (la que miden los test de inteligencia de los que trata Nancy C Andreasen), sino hasta ocho tipos diferentes y cada una de estas inteligencias trabaja de manera semiautónoma en nuestro cerebro. Es decir, que cada persona tiende a resolver situaciones complejas utilizando la inteligencia o capacidad que tenga más desarrollada. Es por ello importante que entendamos de qué manera somos inteligentes para poder mejorar aquellos tipos de inteligencia que tenemos menos desarrollados, así como tratar de trabajar con personas que tengan inteligencias complementarias a las nuestras y que nos den perspectivas y soluciones diferentes.

Características de las ocho inteligencias descritas por H. Gardner. Foto de seisques.

Estas investigaciones amplían nuestra visión sobre si somos o no personas creativas e inteligentes. Pero hay otra cuestión muy importante: ¿cómo hacemos que nuestra mente opere de forma creativa? El trabajo de Edward de Bono, psicólogo y profesor de la universidad de Oxford, habla sobre la necesidad de aprender a usar el pensamiento lateral o creativo (8). Hoy en día tendemos a pensar que por una simple acumulación de conocimientos vamos a llegar, como por arte de magia, a generar ideas o modelos nuevos, y utilizamos exclusivamente el pensamiento que él denomina vertical o lógico. Este tipo de pensamiento es muy útil para acumular, validar o manejar ideas ya conocidas, pero no para crear algo diferente. La clave para generar algo nuevo es manejar la información de una manera diferente usando técnicas que nos permitan reestructurar la información y salirnos del funcionamiento restrictivo y rígido de nuestra mente. Las herramientas que Edward de Bono nos propone usar para desarrollar este tipo de pensamiento son el ingenio, la perspicacia y el humor. ¡Más interesante aún! Este tipo de pensamiento debe aprenderse y entrenarse (igual que aprendemos el pensamiento matemático) para que la creatividad se convierta en una actitud mental. Por ello, tanto Nancy C Andreasen como Edward de Bono proponen múltiples ejercicios en sus libros que pueden ayudar a cultivar nuestra mente creativa (6,8).

Tesis Take-away, experiencia en torno a los formatos y la divulgación de investigación académica realizada por seisques en el espacio “Ni arte ni educación” en Matadero, Madrid. Foto de sesiques.

En conclusión, es necesario conectar la investigación con la creatividad. Para ello debemos reconocer todas nuestras inteligencias y ponerlas en valor, entendiendo cuál es nuestra manera “única y singular” de resolver una misma pregunta. Debemos permitirnos la curiosidad y el disfrute, y crear espacios donde se pueda dar un intercambio de ideas libre y fructífero, incluso ideando nuevos formatos para estos intercambios. Es importante también incluir en los programas educativos de las nuevas generaciones de investigadores métodos de cultivo de la creatividad y formar a las personas responsables o tutores, para que entiendan el potencial de la creatividad y la incentiven (9). Todas estas medidas nos ayudarán no sólo a mejorar la salud mental de las personas que nos dedicamos a la investigación, sino además a que se realice una ciencia de mayor calidad.

Por Dra. Alba Maiques-Diaz. Investigadora Postdoctoral. Leukaemia Biology Group, Cancer Research UK Manchester Institute (CRUK-MI). Co-fundadora de seisques. Delegación de CERU Northwest.

Más información:

1. https://www.nature.com/articles/nbt.4089
2. Evans TM., Bira L., Weiss LT., Vanderford NL. Evidence for a mental health crisis in graduate education. Nature Biotechnology 36, 282–284, 2018.
3. https://twitter.com/NatureNews/status/978212558938296321
4. https://www.nature.com/articles/d41586-018-04023-5
5. https://twitter.com/seisques
6. Nancy C Andreasen. The creative Brain, the neuroscience of genious. Plume, 2006
7. https://www.youtube.com/watch?v=IfzrN2yMBaQ
8. https://www.edwddebono.com/
9. https://www.imperial.ac.uk/media/imperial-college/study/graduate-school/public/creative-research/Supervisors-and-PI-(2).pdf
10. http://www.niartenieducacion.com/

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