Cómo el lenguaje influye en el pensamiento temporal

Daniel Alcaraz Carrión

Los seres humanos tenemos la capacidad única de usar el lenguaje para comunicar nuestros pensamientos e ideas. Podemos hablar de objetos, describir nuestro entorno o dar direcciones. Incluso somos capaces de comunicar conceptos abstractos como el amor o la justicia. Sin embargo, una de las ideas más complejas que podemos expresar mediante el uso del lenguaje es el tiempo: no comprendemos qué es ni cómo funciona, pero todos lo experimentamos y hablamos sobre ello. Hacemos referencia a cuándo sucede algo o cuánto tiempo dura; solo necesitamos unas pocas palabras para viajar al pasado o para imaginarnos el futuro que nos espera. Eso sí, ¿cómo es posible que podamos comunicar ideas tan complicadas con tan poco esfuerzo? ¿Qué papel juega el lenguaje en cómo hablamos y entendemos el concepto del tiempo? Ésta es la pregunta que algunos científicos cognitivos tratan de responder, y uno de los principales objetivos de mi investigación.

Quizás ya sepas alguna cosa sobre las metáforas, sobre todo si has asistido a alguna clase de literatura o poesía. Las metáforas se suelen definir como figuras retóricas que se usan para comparar dos cosas que tienen algo en común, como cuando decimos que la vida es una montaña rusa con altibajos [1]. Pero las metáforas no solamente se utilizan para establecer bonitas comparaciones: éstas juegan un papel fundamental para entender cómo procesamos el pensamiento abstracto. Este fenómeno se ha estudiado a través de la teoría de la Metáfora Conceptual [2], la cual sostiene que el pensamiento metafórico es un componente cognitivo esencial en el razonamiento humano que afecta a cómo hablamos y a cómo comprendemos los conceptos abstractos. En definitiva, las metáforas nos ayudan a entender y a comunicar ideas complejas, como el tiempo.

Figura 1. Representación de la metáfora el tiempo es espacio. Usamos nuestros conocimientos sobre cómo los objetos se distribuyen en el espacio para localizar eventos temporales. Por ejemplo, el espacio que está delante de nosotros se corresponde con eventos futuros, mientras que el espacio que está detrás con eventos pasados.

Eso sí, ¿cómo funcionan las metáforas y cómo se usan al hablar sobre el tiempo? En una metáfora conceptual usamos todo lo que sabemos sobre un tema, lo que conocemos como dominio fuente, para hablar sobre otro concepto que conocemos menos, el cual se llama dominio meta [2,3]. El dominio fuente suele englobar ideas más concretas con las que estamos más familiarizados, como el movimiento, la temperatura corporal o el peso. Por otra parte, el dominio meta suele englobar conceptos más complejos, como emociones o eventos. En el caso del tiempo, usamos nuestro conocimiento sobre el movimiento en el espacio como dominio fuente para hablar sobre un concepto mucho más complejo, el tiempo, el cual se encuentra en el dominio meta (véase Figura 1).

Gracias a esta metáfora, podemos decir que los eventos del futuro están delante de nosotros (p.ej., el futuro que nos queda por delante) y los eventos pasados detrás (p.ej. echar la vista atrás). A su vez, también podemos movernos por el tiempo (p.ej., nos acercamos a las vacaciones de verano), hacer que los eventos temporales se muevan hacia nosotros (como diría Jon Nieve en Juego de Tronos, El invierno se acerca) o medir la duración de esos eventos (p.ej., un día largo).

Pero, ¿qué sucede cuando analizamos otras lenguas? Pues bien, resulta que distintas lenguas hablan y comprenden el concepto del tiempo de manera distinta. Por ejemplo, los hablantes de Aymara, una comunidad aborigen de Suramérica, sitúan los eventos futuros detrás de ellos y los eventos pasados delante [4]. Los hablantes de Chino Mandarín relacionan la anterioridad con “arriba” y la posterioridad con “abajo” [5]. Por último, los hablantes de Kuuk Thaayorre, una lengua panameña usada en la comunidad Pormpuraaw en Cape York, usan términos equivalentes a las direcciones cardinales para localizar eventos en el tiempo [6].

Todos estos datos me hicieron preguntarme si yo, como hablante de inglés y español, también podría hablar y entender el concepto del tiempo de dos maneras distintas. Gracias al programa CERU On the move, realicé un proyecto de investigación en la Universidad de Murcia junto con el profesor Javier Valenzuela para investigar las diferencias entre inglés y español en el uso del lenguaje temporal. Tras analizar grandes cantidades de datos lingüísticos (lo que se conoce como análisis de corpus), así como comparar traducciones paralelas de ambas lenguas, los datos señalan que hay dos diferencias fundamentales en cómo el inglés y el español hablan sobre el tiempo [7].

La primera se basa en cómo estas dos lenguas están estructuradas. El inglés es una lengua de marco satélite, es decir, los verbos ingleses suelen estar acompañados de pequeñas partículas o preposiciones que indican cosas como el movimiento o la dirección (p.ej. go up, sit down, put aside). El español, por otra parte, es una lengua de marco verbal, en la que estas pequeñas partículas están implícitas en el verbo (p.ej., subir, sentarse, apartar, que se corresponden respectivamente con los ejemplos anteriores). Estas diferencias en la estructura de ambas lenguas hacen que en inglés uno señale la dirección del tiempo (p.ej., back in those days, months ahead of), mientras que los hablantes de español tienden a omitir esta información direccional (p.ej., entonces, meses antes, en ese momento).

La segunda diferencia está relacionada en cómo estos dos idiomas miden la duración del tiempo. Los hablantes de español están más acostumbrados a cuantificar el tiempo usando expresiones como mucho tiempo, usando una metáfora de duración-como-cantidad en la que los eventos son unidades que se pueden contar y dividir. Sin embargo, los hablantes de inglés están más acostumbrados a pensar sobre el tiempo en términos de distancia, midiendo el espacio que hay entre dos puntos en el tiempo (p.ej. how long does it take?) a través de la metáfora de duración-como-distancia [7]. Ambas estrategias están presentes en inglés y en español, pero la frecuencia de uso, así como la exposición a una estrategia determinada favorecen el uso de la metáfora duración-como-cantidad en español y duración-como-distancia en inglés [8,9,10].

Distintas lenguas hablan y, potencialmente, piensan de manera distinta sobre el concepto del tiempo. Las últimas investigaciones en lenguaje y ciencia cognitiva apuntan a que el lenguaje tiene una gran influencia en cómo pensamos sobre una gran cantidad de conceptos abstractos, incluyendo el tiempo, los números o los colores (no te pierdas esta increíble charla de Lera Borodistky). El lenguaje no es solamente una herramienta que usamos diariamente para comunicarnos, sino una parte central de nuestro ser que modela cómo vemos y entendemos el mundo.

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Por Daniel Alcaraz Carrión, investigador postdoctoral en la Universidad de Murcia, el cual recibió una de las becas CERU On the Move para llevar a cabo una estancia postdoctoral en CREATIME. Puedes visitar la página web de Daniel aquí.

Más información:

  1. Metáfora, definición dada por el Cambridge Dictionary.
  2. Lakoff, G. & Johson, M. (1980).
  3. Entrada “Source Domain in Conceptual Metaphor”, fuente (inglés) ThoughtCo.
  4. Núñez, R. & Sweetser, E. (2006).
  5. Boroditsky, L. (2001).
  6. Boroditsky, L. & Gaby, L. (2010).
  7. Valenzuela, J. and Alcaraz Carrión, D. (2020).
  8. Casasanto, D. (2010).
  9. Bylund, E., & Athanasopoulos, P. (2017) .
  10. Dolscheid, S., Shayan, S., Majid, A., & Casasanto, D. (2013).
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